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 Navidades a lo bestia

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Mongi_87
Preparando la fiesta
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MensajeTema: Navidades a lo bestia Vie Ene 16, 2015 6:58 pm

Paula estaba pasando unos días de sus vacaciones de Navidad en un pueblecito de Francia. Después de un duro año de trabajo que odiaba, soportando a gente que no aguantaba, pensó que lo mejor que podría hacer era irse sola a una zona casi vacía donde no se cruzara con nadie. Soledad, soledad, soledad, le pedía todo su ser. 

– Sí, un paseo por el campo te irá genial para despejar la cabeza...hay que joderse!! Yo y mis ideas de bombero!! Ahora estoy perdida en mitad de la montaña, hablando sola - más bien gritando - para que así, si alguien me encuentra me tome por loca y me deje aquí.

Siguió caminando por lo que a ella, en un principio, le pareció un camino, fijándose en todo lo que la rodeaba, o por lo menos eso pensó en aquel momento. Había muchos pinos y matojos altos que dificultaban su visión, y plantas con espinas como agujas que atravesaban fácilmente sus pantalones y se clavaban en su piel haciéndola maldecir más que un predicador cabreado. Lo único que sabía a ciencia cierta es que estaba descendiendo y dado que cuando salió de su habitación ascendía, debería ir en el buen camino, sólo que no recordaba haber caminado tanto tiempo y teniendo en cuenta la inclinación de algunas de las zonas por las que había pasado, ya debería haber llegado al hostal. Era un sitio bastante cutre, no es que se muriera de ganas de llegar ahí, pero la idea de pasar la noche a la intemperie no le hacía la más mínima gracia y menos con el frío que ya hacía por las noches. 

Cuando empezó a oscurecer finalmente asumió que estaba perdida y se dejó llevar ligeramente por el pánico.

– Voy a morir aquí sola, en mitad de un bosque, mi cuerpo siendo devorado por los animales salvajes – decía mientras lloraba desconsoladamente – nunca me encontrarán, mi familia no tendrá un cuerpo que enterrar.¡Quizá piensen que me he fugado a vivir la buena vida con un machote del norte y mientras me estaré descomponiendo en este suelo tan fértil!

Siguió llorando sus penas a los cuatro vientos, total, no parecía haber nadie por los alrededores, hasta que oyó un sonido a su espalda.

– ¿Hola? ¿Hay alguien? Por favor, me he perdido, sólo quiero volver al Hostal Natura, está en el pueblo ¿me puede ayudar?

Mientras daba la vuelta empezó a caminar hacia la dirección de la cual había salido el sonido, buscando con la mirada a la persona responsable del mismo, con la esperanza que pudiera llevarla o por lo menos darle algunas indicaciones, pero no se veía a nadie a su alrededor, las lágrimas volvieron a sus ojos, cayeron por sus mejillas y ella no pudo evitar acabar llorando como una niña pequeña. Esperanza, había tenido la esperanza de que alguien la ayudaría - la esperanza es una perra - pensó. Se sentó en el suelo para poder regocijarse mejor en su miseria y oyó un gruñido. 

– Joder ¿en serio? ¿en serio? Por que no me matas ya y acabas con mi sufrimiento! – gritó a los cielos, como si ellos tuvieran alguna culpa de su mala orientación. 

Se levantó muy despacio, mirando en todas direcciones, a una altura más baja ahora que sabía que lo que había oído no era humano. No vio nada, ningún reflejo de ojos escalofriante, no vio a los animales pequeños huyendo en manada de la criatura que ella creía que la acechaba.
– Es probable que no te siga a ti, será un lobo salvaje que ha visto un conejo y se ha alegrado de ver su cena, sigue caminando.

Pero cuando se dio la vuelta para seguir caminando volvió a oír el sonido de alguien moviéndose a sus espaldas. Se giró rápidamente pero seguía sin ver nada. Se giró y salió corriendo, en ese momento le parecía lo más inteligente. 

Mientras corría oía sonidos detrás suya, no parecía que nadie la siguiera, pero le daba miedo girarse y tropezar con alguna raíz y así perder tiempo en su huida. En ocasiones los sonidos sonaban en el suelo detrás suya y en otras en los árboles sobre su cabeza. Mientras seguía corriendo muerta de miedo, vio una llamarada de luz y de repente, estaba en el suelo. 

****

Jass llevaba un día de perros, y teniendo en cuenta que era una especie de felino, eso era muy malo. Primero la discusión que tuvo con el Conseil sobre su, según ellos, mal comportamiento, luego la discusión que tuvo con Saura por no haberla llamado la otra noche, como si no supiera que lo nuestro iba a ser algo de una noche... y ahora, que había buscado un lugar bien apartado para poder estar sólo y pensar en todo lo que había sido dicho, empezó a oír a una mujer dando voces como un obrero de la construcción.

– ¿Cómo puede alguien tan pequeño soltar todas esas barbaridades por su boca? – Murmuró para sí mismo. 

Se quedó mirándola entretenido, le divertía su actitud molesta por algo que no era más que culpa suya. 

Tan relajado estaba que casi se cae del árbol en el que estaba subido, lo cual llamó la atención de la pequeña mujer, se giró y empezó a mirar en todas direcciones. A pesar de que desde ese ángulo no podía ver su cara, supo que sus ojos nunca llegaron a posarse sobre él, eso la habría detenido, no todos los días encuentras a un hombre subido en un árbol de más de cuatro metros, en mitad del bosque cuando oscurece. 

Mientras ella seguía caminando en su dirección, él empezó a moverse por los árboles ya que sentía curiosidad por ver su cara. Por el momento sólo la había visto de espaldas y aunque tenía un buen culo, no quería llevarse una sorpresa más tarde y descubrir que había estado babeando con una niña de 18 años. Para los humanos podría ser una edad casi adulta, para los de su raza....a esa edad están en mitad de la adolescencia. Así que cuando por fin logró ver su cara su alegría fue inmensa ya que no parecía ninguna niña, no pudo evitar que saliera un gruñido de sus labios.

– Mía. Tiene que ser mía, la de cosas que haría con ese cuerpecito... 

Y sin ser consciente de en que momento había bajado del árbol, empezó a dirigirse hacía ella. No podía evitar hacer ruido ya que las hojas secas crujían cuando pasaba encima de ellas. 

Ahora que estaba cerca podía oír su voz perfectamente, suave, femenina....música relajante para sus oídos. 

– Es probable que no te siga a ti, será un lobo salvaje que ha visto un conejo y se ha alegrado de ver su cena, sigue caminando.

Él, embrujado por su voz, siguió caminando en su dirección con el cerebro completamente en blanco. Menos mal que ella se asustó y salió corriendo, eso le daría algo de tiempo para pensar que razón le iba a dar por estar siguiéndola.

Se subió a los árboles y empezó a seguirla desde arriba, quizá la podría "guiar" hacía su casa y así ofrecerse a ayudarla dejándole pasar la noche en su cama. Una sonrisa escapó de sus labios, no era una ayuda desinteresada, ni mucho menos, pero era una ayuda y al parecer, la única que iba a tener hoy. 

Se transformó, pero cuando iba a saltar a otra rama para que ella cambiara de dirección, algo la distrajo, se tropezó y acabó en el suelo. Esperó para ver si se levantaba, pero cuando, después de unos minutos, no lo hizo, bajó al suelo, volvió a cambiar de forma y la cogió en sus brazos.

Finalmente la tendría en su casa. Diferente plan pero mismo resultado.

– El día acaba de mejorar – dijo sonriendo.


****

– ¿Donde estoy? Debe de haber sido una pesadilla.

Ese fue su primer pensamiento nada más abrir los ojos y ver que estaba en una cama y no en mitad del bosque, pero cuando miró la habitación se dio cuenta de que esa no era la que ella había alquilado en el hostalito de pueblo, de que todavía llevaba la misma ropa que se había puesto para salir a pasear por el monte y de que era un sitio bastante lujoso que no se correspondía con las pequeñas casas rústicas que había visto por el pueblo. 

Giró la cabeza rápidamente para ver si había alguien en la habitación, pero se arrepintió al momento ya que eso le valió un buen mareo y dolor de cabeza. Creía recordar que iba corriendo por el bosque ya oscurecido y se golpeó la cabeza con algo, seguramente una rama, y la debió dejar K.O., lo que no sabía era como había llegado hasta aquí o quien la había traído. 

– ¿Hola? ¿Hay alguien? – Por favor, no más gruñidos.

Ese pensamiento pasó volando por su cabeza, lo había olvidado. Seguramente la persona que la había rescatado le salvó la vida también.

Se levantó de la cama y se dirigió a la puerta del dormitorio, la abrió y asomó la cabeza. 

El pasillo era largo, estaba bien iluminado y decorado con tres cuadros preciosos. No es que ella tuviera mucha idea de arte, pero sabía lo que le gustaba y lo que no, y éstos lo hacían. 
Al no ver a nadie, se aventuró por el pasillo, tratando de no hacer ruido sin ningún motivo en particular. Entró en una estancia amplia y cálida. Lo primero que vio fue el gran ventanal que daba a las montañas, las vistas eran de infarto, dirigiendo su mirada más a la derecha pudo ver una mesa de madera maciza que tenía aspecto de ser muy antigua por los grabados que en ella se veían, unas sillas a juego y centrado en la sala y justo delante de una chimenea llameante un gran sofá en forma de u, la tentaba enormemente saltar encima de ese sofá y quedarse delante del fuego unas horas, o días, tenía que decidirlo, pero no era eso lo que había venido a hacer, estaba buscando a su salvador, así que salió de la habitación y se puso en marcha otra vez. 

El pasillo era muy largo y tenía multitud de puertas, la mayoría estaban cerradas y no se atrevió a abrirlas ni tampoco a llamar, no sabía que hora era o si vivía alguien más aquí al que pudiera molestar en sus horas de sueño. 

Encontró un cuarto de baño y entró en el, se miró en el espejo y dio gracias a los cielos por haberlo puesto en su camino ¡por Dios vaya cara! no se maquillaba, así que no tenía el rimel corrido, pero sí que tenía manchas de lágrimas y tierra en la cara, el pelo revuelto como si algún ave hubiera tratado de hacerse un nido en su cabeza y la ropa sucia y revuelta. Se limpió la cara, se peinó como buenamente pudo y trató de arreglar su ropa, no había mucho que hacer con ésta. 

La siguiente habitación que encontró fue la cocina, la puerta estaba abierta y se oían sonidos en ella, asomó la cabeza con algo de vergüenza y la esperanza de encontrar a su salvador o salvadora pero también estaba vacía. Había una olla en el fuego, así que no tardarían mucho en llegar y decidió esperar ahí a la llegada del propietario de la casa.

No sabía que había en la olla, pero olía muy bien y sus tripas crujían quejándose de la falta de alimento. Al no saber que hora era no sabía cuantas comidas se había perdido. La curiosidad pudo con ella y abrió la tapa, una vaharada de vapor llevando más de ese delicioso olor, carne, patatas...estofado, sus tripas volvieron a rugir.

– Parece que alguien tiene hambre.

Del susto la tapa salió despedida de sus manos, trató de cogerla en varias ocasiones pero tenía la sensación de que más que un trozo de metal era un pez vivo tratando de huir. Él dio un paso adelante y rápida y fácilmente la cogió al vuelo y la dejó sobre la encimera de granito de la cocina. 

Era tan guapo que se quedó en blanco, sin saber que decir y con la boca abierta ¡que ridículo! Él empezó a caminar en su dirección y la arrinconó entre su cuerpo y la encimera de la cocina. Ella estaba tan nerviosa que empezó a temblar y seguía sin poder decir nada, su voz se había fugado, su lengua hecho un nudo. Él se inclinó hacia ella, puso los ojos como platos ¿la iba a besar?¿Sin siquiera saber su nombre? pero en el último momento giró la cabeza y le olisqueó el cuello. Que cosa más rara, pensó ella, pero esta vez se obligó a hablar.

– ¿Que estás haciendo? 

– Olerte ¿no es obvio?

– Pues sí, pero....¿porque?

El puso los ojos en blanco y resopló como si fuera una pregunta estúpida.

– Pues porque me gusta como hueles.

– Ahhhhhhh.... – No supo que otra cosa decir –¿tu eres el que me has traído aquí?

– Sí, me pareció que estabas en problemas.

– Pues sí, estoy en el Hostal Natura y tuve la genial idea de ir a dar una vuelta sola por el monte, tengo muy mala orientación y no le dije a nadie a donde me dirigía.

– Eso no es muy inteligente por tu parte.

– Lo se, pero en momentos de agobio uno hace cosas sin pensar.

Un momento después estaba con los pies colgando, él la había cogido en brazos y ella sólo se quedó ahí congelada

–¿Porque estabas agobiada? La verdad es que yo también lo estaba, pero me alegro porque eso me ha llevado a ti.

Después de unos cuantos pestañeos, le dio la orden a su lengua para que empezara a moverse.

– Yo también me alegro o a estas horas sería un témpano de hielo. ¿No te peso? ¿por qué no me dejas en el suelo?

Él se rió y sin soltarla se dirigió a la habitación con el gran sofá.

– Eres ligera como una pluma. He encendido la chimenea para que estés caliente, ahora traeré la cena y charlaremos un rato delante del fuego ¿quieres?

– Es un buen plan, pero quizá debería volver al hostal – aunque no es como si alguien me estuviera esperando, pensó para ella misma.

– No, creo que es mejor que te quedes aquí conmigo.

****

Jass dejó su carga en su cama, así por lo menos si no se quedaba, tendría su olor en la cama por unos días. No sabía como actuar, que hacer, ¿quedarse? ¿irse? No quería que se asustara al despertarse en un sitio desconocido, pero quizá se asustaba más si lo encontraba a él en la habitación. 

Decidió que tenía que formar un plan para que ella se quedara con él, tenía que convencerla, seducirla, había mucho en juego. Se dirigió al salón, empezó a dar vueltas pesando en que hacer, en cual sería la mejor forma de actuar. Mientras daba vueltas y más vueltas, sus ojos acabaron en la chimenea, una imagen de ella desnuda en su sofá, con él y el fuego de fondo vino a su cabeza. Sí, definitivamente tenía que encender el fuego. 

Cuando tuvo el fuego encendido pensó en darse una ducha para no oler a humo, pero sus tripas sonaron y recordó que tampoco había comido, ¿y ella habrá comido? no podía arriesgarse, así que se dirigió a hacer la cena. Normalmente comía cualquier cosa, pero hoy era un día especial y tenía que impresionar a la mujer si quería que se quedara a pasar más tiempo con él. Después de pelar y trocear la carne y verduras, lo puso todo en el fuego y se puso a recoger la cocina. Michelle era la que se encargaba de la limpieza de los hogares, cada uno tenía sus obligaciones, pero a él no le gustaba que hubiera gente en su casa todo el tiempo, por lo que sólo aceptó el servicio de limpieza una vez por semana. 

Cuando lo tuvo todo limpio y recogido llegó su turno, bajó el fuego de la cacerola y se fue a su ducha hammam, le encantaban el efecto lluvía, pero esta vez no se recreó, cuando estuvo seguro de estar bien limpio salió de la ducha y se metió en su armario. Se quería vestir de manera elegante y casual, no quería que pensara que era un pijo, pero tampoco un tirado y tampoco quería que pensara que se estaba engalanando por ella, aunque así era. Un hombre debe mantener algo de su orgullo. 

Cuando terminó se miró en el espejo y se dio el visto bueno, unos vaqueros oscuros con camisa, el conjunto perfecto para el día a día, aunque a él le fuera más el pelo, pensó riéndose de su chiste. 

Ella se había despertado, oyó su preciosa voz y cuando salió al pasillo, su aroma le llegó haciéndole muy difícil comportase y no cargarla al hombro y llevarla a su cama. 

Salió de la habitación y fue en su búsqueda, la encontró en la cocina oliendo la comida, esperaba que le gustara y se quisiera quedar con él a pasar la noche o mejor aun, la vida. 


****

Nunca en la vida había visto a un hombre tan atractivo. Debía de medir casi dos metros, pelo oscuro y corto, casi parecía un corte de estilo militar, piel morena, claramente en forma, simpático, amable y según parece, algo interesado en ella. No había duda, había muerto en el bosque y ahora mismo estaba en su cielo particular. 

Él llegó con la olla y rápidamente fue a por los platos, copas, cubiertos y bebida. Se ofreció a ayudar, pero él insistía en que era su invitada y lo único que debía hacer era disfrutar de la comida y de la compañía.

Cuando dijo ese último comentario, una sonrisa ladeada apareció en su cara y ella notó como cierta parte de su anatomía se preparaba para una noche de acción, lo que hizo que sus mejillas se tiñeran de rojo rápidamente y al parecer, eso le resultó muy gracioso a él ya que se fue hacia la cocina con una suave carcajada.

A su regreso se sentó frente a ella y tuvieron una charla amena y entretenida en la que cada uno contó un poco de su vida. La vida de Jass, así se llamaba él, parecía ser bastante interesante, era una especie de guardabosques que se pasaba el día vigilando que ningún cazador furtivo matara a sus animales, así los definía él, algo que a ella le pareció muy tierno. Venía de una familia con dinero y de ahí la casa tan lujosa que tenía, pero por lo que le estuvo contando, le debían pagar un suplemento bastante alto por peligrosidad, ya que muchas veces tenía que cazar animales salvajes que habían enloquecido y atacado a manadas enteras de otros.

Después de hablar un poco de él llegó su turno y le hizo todo tipo de preguntas, pero sólo una la hizo sentir algo vergonzosa y no sabía porque, quizá por la mirada que le echó ante su confirmación de que ella no tenía pareja. 

La temperatura pareció subir en la habitación, el pareció estar más cerca, ser más grande, ocupándolo todo, acaparando el aire de la estancia, parecía que en su mundo sólo existiera él. Su cabeza se sentía algo extraña, como en una nube, como si hubiera bebido algunas copas, pero no era así, igualmente se sintió valiente y se acercó a él, poniendo su mano en uno de sus bíceps. 

– Quería darte las gracias por haberme salvado, ha sido muy amable de tu parte, y por invitarme a cenar.

Él levantó una mano que tenía apoyada en la mesa del comedor y acarició con dos dedos un mechón de pelo que tenía delante de la cara, la miró a los ojos y le dio un beso que la dejó congelada, sin saber que hacer, él rápidamente actuó poniéndose de pie y cogiéndola para acabar con ella a horcajadas sobre sus muslos, cogió en un puño su pelo y la volvió a besar, pero esta vez fue un beso profundo, exigente y caliente, malditamente caliente. 

Cuando él terminó el beso ella jadeaba, tenía las mejillas calientes al igual que el resto del cuerpo. Él hizo una fuerte aspiración seguida de una especie de gruñido, en ese momento su cerebro debía de estar fundido para no asociar ese ruido al de esa misma tarde en el bosque, pero en ese momento sólo pensaba en una cosa y era en él con menos ropa y encima suya. Jass debía pensar igual que ella ya que se levantó otra vez, la lanzó al sofá haciendo que ella diera un gritito de asombro y rebotara, dio un salto que la recordó a un gran felino y se abalanzó encima suya volviendo a besarla apasionadamente mientras le quitaba la ropa. 

No es que ella fuera una monja, ya había tenido más relaciones de una noche, pero ciertamente ninguna como ésta y ni en sus sueños más húmedos, con un hombre como este. Ahora dudaba entre el cielo o un sueño realmente muy agradable del que deseaba no despertar nunca. 

Cuando la tuvo a ella desnuda se arrancó la ropa, parecía hecha de papel dada la facilidad con la que se rompía, pero viendo esos músculos no le extrañaba en lo más mínimo. 

Su piel era muy suave y cálida, a penas tenía bello en el torso, salvo una línea que se dirigía como una flecha señalando a su parte más masculina. Le encantaba la sensación de su peso y el roce de su piel sobre ella. Moviéndose de su boca a su cuello, le dio varios besos húmedos y pequeños mordiscos, tras frotar su nariz en un punto concreto, como quien hace una X para marcar en un punto exacto, el puso su boca en ese punto y absorbió fuertemente, sabía que le habría dejado una marca y aunque era algo que generalmente odiaba, en ese momento no le importó lo más mínimo. Tampoco le prestó demasiada atención al momento en que él dijo:

MÍA

Pues con sus labios y manos por su cuerpo estaba enloqueciendo, entrando en un estado febril del que no sabía si podría salir. 

****

Horas más tardes, Jass se levantó de la cama pero se acuclilló para poder estudiar los rasgos de Paula y su olor, su olor era para él como la Nepeta cataria para los gatos, tenía ganas de frotarse con ella hasta que su olor estuviera por todo su cuerpo, era como una droga creada única y exclusivamente para él y que Dios los ayude porque ya era adicto y no la podía dejar marchar. 

Estaba nervioso, necesitaba correr y además quería hablar con alguien, su amigo Winss tenía pareja, le preguntaría a él sobre las mejores tácticas para proceder, su mujer no era humana, era de la misma raza que ellos, pero no podía haber mucha diferencia, las mujeres eran mujeres.

Después de casi una hora de carrera llegó a casa de su amigo, se sentó cómodamente en el sofá, se bebió una cerveza tranquilamente, haciéndose el desinteresado, como si fuera única y exclusivamente una visita de placer

– ¿Vas a soltarlo ya o que?

– No se de que me hablas. 

Su amigo se limitó a resoplar, sentado en la butaca frente a él y mirándole fijamente.

– Sólo por casualidad....¿Cómo conseguiste emparejarte con Lis?

Su amigo hizo rodar los ojos y se rió del él.

– Fácil, esperando a que entrara en celo, atacando a todos los otros machos que se acercaron a ella y esperando a que me aceptara. ¡Que noche!

– Vale, vale, no entres en detalles por favor. 

– Pfffff, más te gustaría.

– No, créeme, no lo haría.

Y con un ambiente más relajado y entre risas, su amigo le pregunto por ella.

– Así que...¿Saura?

– No, no es ella y todavía no quiero hablar del tema, no es fácil, sólo diré que ojalá fuera ella, sería todo muy sencillo....y acabo de acordarme de que Saura me arrancará las pelotas la próxima vez que me vea ¡mierda!

– ¡Oh, hombre, venga! ¡Suéltalo! ¿Desde cuando tenemos secretos?

– Está bien, pero ni un comentario ¡ni uno sólo o me levanto y me voy! ¡Ni una pregunta ni nada! Es humana.

– ¿¡HUMANA!?

Jass lo fulminó con la mirada.

– Vale, vale, perdón, pero es que.....jo-der!

– Sí, sí, joder, dímelo a mi... No quiero ducharme para que no se me vaya el olor de su cuerpo. 

Su amigo hizo un extraño sonido ahogado.

– ¿Es tu pareja? Tu pareja de verdad quiero decir.

– Eso me temo, ese era otro tema que quería hablar contigo. ¿que hago? ¿como consigo que no se vaya? Ni siquiera se si es de aquí, por lo que se está en un hostal del pueblo. 

– ¿Quieres que se quede? ¿No le tenías alergia al compromiso?

– Sí. No. No lo se, quiero que se quede, que sea mía, pero sin ninguna atadura ¿crees que lo aceptaría?

Su amigo se dobló por la mitad, desternillado de la risa. Cuando se levantó, secándose las lágrimas con los ojos, dijo:

– Tienes suerte de que sea humana, si yo le hubiera preguntado algo así a mi gatita me habría arrancado la cabeza en un pestañeo. Ella por lo menos necesitará ir primero a por un cuchillo, hacha u otro objeto cortante y tendrás tiempo de escapar.

– Esto es serio ¿puedes parar?

– Yo también te estaba hablando totalmente en serio. 

– Venir aquí ha sido inútil. Me voy a mi casa y a ver que pienso para cuando se despierte. 

Cuando llegó revisó que ella siguiera durmiendo y después procedió a dejar surcos en sus alfombras dando vueltas y más vueltas, casi tantas como daba su cabeza tratando de encontrar una solución. Por ahora lo único que había pensado era en cerrar todas las puertas y ventanas, pero no quería parecer un secuestrador o un acosador loco, así que siguió pensando. Quizá si hacía como que se había roto una pierna ella se ofrecía como su enfermera particular, claro que odiaba estar parado durante mucho rato. 

– Te quedarás porque lo digo yo, eres mía y punto! 

Le dio la risa al imaginarse diciéndole eso y a ella tirándole todo lo que pillara a la cabeza, no sabía si tenía mucho carácter o no, pero por lo menos a las de su raza eso no les haría ninguna gracia. 

– ¿Perdona?

El dio un salto de medio metro. Pillado por sorpresa. M-I-E-R-D-A.

– Ehhhhhhh....buenos días! ¿que tal has pasado la noche? ¿tienes hambre? Te puedo preparar algo de desayunar. 

Ella la miraba con los ojos entrecerrados. Paseo su mirada por toda la estancia.

– ¿Con quien hablabas?

– Conmigo mismo, es algo que hago a menudo por eso de vivir solo.

– Ya....

Se sintió como un tonto ante la mirada de ella, intentó olvidar el tema y le ofreció desayunar, otra vez. Se dirigieron a la cocina y allí sentados empezaron una conversación impersonal que acabó con la fauna salvaje de la zona. 

– ¿Así que te gustan los felinos?

– Oh sí, siempre me han gustado los animales, pero la verdad es que tengo debilidad por los gatos negros. Son mis favoritos.

Ella sonrió y a él se le aceleró el corazón, quizá no iría tan mal como él esperaba. 

– ¿Sabes que hay panteras en estos bosques?

– Ja Ja, muy gracioso, como mucho habrá lobos o perros salvajes, no he oído nunca nada de grandes felinos por aquí, más bien al otro lado del charco. 

– Bueno, es que las panteras nos escondemos muy bien. 

– ¿Nos? – preguntó ella, arqueando una ceja. 

– Bueno, como yo me encargo de proteger a los animales me uno a ellos, quizá así tenga suerte y te guste yo también. 

Ella se rió de su comentario, se levantó y llevó su taza y plato al fregadero. Él hizo lo mismo y luego juntos fueron al salón y se sentaron en el cómodo sofá.  

– ¿Te gustaría ver alguna?

– ¿Alguna qué? ¿pantera? ¿Aun sigues con eso? – volvió a reírse, negando con la cabeza ante sus tonterías. - Pues sí, en realidad me encantaría, siempre que me asegures que voy a estar bien protegida, he visto el tamaño de sus uñas y dientes. 

****

De pronto, del cuerpo de Jass explotó una luz cegadora, se quedó tan alucinada que no pensó que ya había visto esa luz una vez antes, en el bosque la noche anterior. Cuando recuperó la visión él ya no estaba, en su lugar había una pantera enorme con los ojos fijos en ella. Toda la sangre huyó de su cara y, por la sensación que tenía, de su cuerpo también.

Él volvió a cambiar rápidamente y otra vez estaba como antes, pero sin ropa, en la misma postura, su misma cara. No podía ser, estaba soñando. 

– ¿Te has asustado? – Tenía cara de preocupación cuando la miró. 

– Creo que me he cagado encima. 

Él soltó una sonora carcajada  y afirmó que no había tenido ningún accidente en sus pantalones. 

– Por favor, no me tengas miedo, no te haría daño, de hecho, si no fuera por que eres mi pareja no te habría mostrado esto o por lo menos no tan pronto, pero no sabía de que otra manera hacerlo y he pensado que lo mejor era hacerlo de golpe y rezar.

– ¿Pa....pareja? – Se levantó del sofá de un salto. Sus ojos estaban desorbitados. 

– ¿Cómo puede ser que te de más miedo esa palabra que lo que acabas de ver? 

Él parecía incluso molesto, pero no podía evitarlo, su cuerpo reaccionaba ante la palabra compromiso.

– Cada uno tiene sus miedos. Y....¿que pasa ahora?¿Que se supone que tenemos que hacer? 

– Pues, lo mejor sería que vinieras a vivir aquí, conmigo. 

Ella empezó a caminar por la alfombra 

– Espera, espera, espera....yo tengo un trabajo, una casa, una vida y no aquí, ni siquiera está malditamente cerca de aquí. Además, no te conozco, ni tu a mí. 

– Deja tu trabajo, yo nos puedo mantener, viviremos aquí y te presentaré al resto del grupo, harás amigos y una nueva vida. Y en cuanto a conocernos....tenemos tiempo para ello. 

– No. A ver, mi trabajo es un asco, no soporto a mi compañero y no es que me importe perder ese trabajo, pero quiero tener otro, no me gusta sentirme como una mantenida y ¿que pasa si luego vemos que no nos aguantamos? Es decir, estás como un tren y eso, necesitaba un cambio en mi vida y puede que me plantee algo de esta locura, pero tampoco estoy tan mal de la cabeza como para liarme la manta a la cabeza e irme sin ninguna garantía. 

– Todo eso lo podemos solucionar. Hablaré con mi gente a ver que puesto hay libre para ti. Lo importante es ¿te quedarás conmigo?

– Bueno, tengo que buscar un apartamento de alquiler, pero creo que por lo menos puedo pasar aquí las navidades. 

– Serán las navidades más felices que habré pasado en mucho tiempo, estoy seguro. 
FIN

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