Buscadoras del Placer

*.* Foro destinado a la Novela Romántica y las noticias del género *.*
 
ÍndicePortalGaleríaFAQBuscarRegistrarseConectarse

Comparte | 
 

 Vendimia de Sangre

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo 
AutorMensaje
Reina Negra
Buscadora Jefa
Buscadora Jefa
avatar

Femenino Mensajes : 11640
Edad : 30
Localización : Quien sabe??
Empleo /Ocio : Intentar sobrevivir!!
Humor : Serio. No, gracioso, o era serio?
Inscripción : 18/08/2010

MensajeTema: Vendimia de Sangre Miér Nov 05, 2014 7:03 pm

Vendimia de sangre


—¡Eres imbécil! —se reprendió echándose la capucha de la cazadora por la cabeza.

Había aceptado la invitación que una de sus compañeras de clase le había ofrecido ese mismo día por la mañana. Decidió ser impulsiva y así poder hacer amigos con más facilidad en su nuevo instituto. Por eso, aceptó la invitación a la pequeña reunión que iban a celebrar la noche de Halloween en el cementerio de la ciudad. Todo iba bien hasta que el alcohol comenzó a envalentonar a sus acompañantes y ella decidió irse. Podía beber con ellos, incluso probar algún porro, pero lo que no aceptaría era formar parte de la orgía que le acababan de ofrecer.

En ese momento le daba igual no hacer amigos y seguir siendo, como siempre, la marginada de la clase. Ya estaba acostumbrada a esa situación, nunca se quedaba demasiado tiempo en un lugar como para que algo así le llegase a importar.

Todo pensamiento quedó apartado al sentir de repente la sensación de que no estaba sola, sentía como si alguien la estuviese observando fijamente. Temiendo que fuese uno de los chicos que estaban en la reunión y que no hubiese aceptado su negativa, aceleró el paso pero sin demostrar que huía de allí. No levantó la mirada del suelo en ningún momento, fijándose en él para evitar tropezar con las raíces de los arboles que estaban en esa zona del cementerio. Un fuerte ruido hizo que tropezara al girarse y enfrentar a quien la perseguía.

—Joder qué susto —refunfuño al ver volar a una lechuza desde uno de los arboles a la oscura noche.

Se apoyó en un árbol cercano a ella y respiró hondo, recuperando unas pulsaciones más normales. Retomó la marcha intentando convencerse que todo eran imaginaciones suyas causadas por las historias y cuentos que se habían relatado en la reunión, nada de aquello era real y solo era su subconsciente que quería hacerla pasar un mal rato. Pero por mucho que se dijese aquello a sí misma, no podía deshacerse de la sensación de ser observada, y esta vez no pudo evitar mirar hacia atrás, buscando los ojos que la atormentaban.

No descubrió nada, no captó el brillo de unos ojos, como en tantas películas de miedo había visto, pero la sensación de sentirse observaba la embargó hasta el punto de sentir que la garganta se la cerraba. En ese momento se olvidó de cualquier pensamiento coherente y corrió entre los árboles, deseando llegar a la zona de los mausoleos, la zona más cercana a la salida. Sintió que alguna rama le arañó el rostro y echó atrás la capucha, dejando que su pelo rojo como el fuego, brillase bajo la luna llena que adornaba el cielo. 

Casi se vuelve a tropezar al distinguir en la lejanía el brillo titilante de la hoguera que habían encendido para poder realizar la pequeña reunión con sus compañeros. Extrañada, miró a su alrededor, buscando una señal del momento en el que había dado un giro de ciento ochenta grados para volver al mismo punto de partida. Detuvo sus pasos al poco de entrar en el claro donde los demás chicos continuaban la fiesta. Sabía que no quería entrar allí, que su cuerpo se negaba a cruzar la franja de árboles que la separaban de ellos, pero un destello blanco a su derecha, hizo que se encaminara hacia allí. Apartó las quimas que encontraba a su paso en esa zona, donde la vegetación se espesaba a cada paso y volvió a sentir aquella presencia que hacía unos momentos la agobiaba.

Extrañamente, ahora la sentía como una caricia, no como algo que la apresaba y que la asfixiaba. Sacudió la cabeza, dejando atrás ese pensamiento absurdo y continuó caminando hacia la mancha blanca que brillaba gracias al fuego. Su cuerpo no se negaba a ir hacia ella, como había sentido momentos antes respecto al claro, sino que era como si él supiese que por mucho que su cerebro se negase a ir hacia allí, él haría lo que quisiera. Apartando la última rama de su camino, se quedó quieta, observando lo que acababa de aparecer ante ella y que hasta ese momento no había visto.

Un ángel se alzaba sobre una plataforma llena de hiedra y musgo, manchada por los años y la humedad, pero ninguna de esas hierbas tocaba al espléndido ángel. Seguía blanco, perfecto, como si hubiesen acabado esa escultura ese mismo día y no muchos años atrás. Se acercó y acarició la roca cubierta por el manto verde, rodeándolo. La estatua era de un ángel, pero no uno cualquiera, no era un querubín, esos ángeles regordetes y aniñados que tantas veces se han representado. Éste poseía una mirada fuerte, fija más allá del horizonte, amenazante. Su cuerpo era el de un guerrero, fuerte y oculto bajo una armadura digna del mejor caballero. La pose que mantenía daba la sensación de que en cualquier momento se lanzaría a la batalla. Mantenía las piernas abiertas y flexionadas, con uno de sus brazos alzado agarrando una espada enorme, con una empuñadura con unas filigranas que la dejaron cautivaba. Sin pensárselo dos veces y, sabiendo que aquello no estaba bien, se sujetó a la mano libre de la estatua que parecía que la estaba invitando a ello por su posición, y se subió junto a él. Con la mano libre, acarició la filigrana, recorriendo las diferentes curvas y líneas que recorrían la empuñadura.

Siguió acariciando la estatua, dejando a su mano vagar libremente hasta llegar al rostro del ángel, que en ese momento estaba a su altura. Acunó la mejilla con su mano, como si fuese una persona real y sintió calor en su palma. No se extrañó de que la pierda estuviese caliente puesto que la hoguera no estaba muy lejana y la noche no estaba siendo especialmente fría. Continuó mirándole embelesada, estudiando sus rasgos a la luz anaranjada del fuego, los ojos vacíos de vida, pero con tanta expresión que tuvo que contener un suspiro. Embelesada como estaba, gritó al ver que esos ojos se movían y la miraban directamente. Apartó la mano de su mejilla y por poco se cae del pedestal donde se mantenía a duras penas.

—Deja de flipar, ha sido el fuego…

La sensación de ser observada regresó y fue cuando se dio cuenta de que todo estaba en silencio, solamente se escuchaban las risas y gemidos que procedían de su espalda, y el crepitar del fuego. Hasta ella no llegaba ningún ruido más, ni el del tráfico, ni tan siquiera los ruidos propios de la noche. Asustada, echando un último vistazo al rostro del ángel, se giró entre sus brazos y observó a sus compañeros. Ninguno había captado su presencia, estaban demasiado ocupados en lo que sus cuerpos y lenguas hacían, que ninguno la había visto. Fue a apartar la vista de aquella imagen, asqueada, pero se detuvo al ver algo que hace unos momentos, cuando ella estaba allí, con sus compañeros, no estaba.

En la pared del fondo, la que quedaba a sus espaldas, había algo, una mancha oscura, alta y grande, estaba allí quieta. No, empezaba a moverse en aquel momento, saliendo de la oscuridad que la alta pared le proporcionaba. Intentó gritar a sus compañeros de la presencia de aquel hombre cuando vio el brillo del hacha que colgaba de una de sus manos, pero su boca se negó a abrirse. Estaba paralizaba, agarrada con fuerza al ángel, apretándose a él, intentando que aquella sombra no la viese.

«¡Grita! ¡Les va a matar y tú no haces nada!»

A pesar de saber eso, que aquellos cinco jóvenes iban a morir, su cuerpo no reaccionó. Se quedó quieta, observando horrorizada cómo el fuego revelaba el rostro del hombre que se cernía sobre los chicos y sonreía. Nunca olvidaría la expresión de ese rostro, el brillo en esos ojos que no parecían humanos y que se deleitaban con lo que veía, como si absorbiera algo de ello. Ninguno de los chicos sintió la presencia que se cernía sobre ellos. Las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas, impotente por lo que iba a suceder y odiándose a sí misma.

El brillo del hacha hizo que levantase la mirada de la sonrisa de satisfacción del hombre y vio cómo descendía a gran velocidad para acabar clavándose, con un sonido seco, en el cuello de una de las chicas, que cayó al suelo sin vida, sin cabeza. Los demás miraron la escena, sorprendidos por lo que acababa de pasar y salpicados de la roja sangre. «¡Corred gilipollas!» gritó interiormente, pero ninguno de ellos hizo nada, volvieron a lo suyo, como envueltos por un halo de deseo que no eran capaces de deshacerse de ellos. 

Las lágrimas caían por sus mejillas, sus sollozos quedaban apresados en su muda garganta mientras veía cómo aquel hombre decapitaba y desangraba con ello a todos los chicos, dejando sus desnudos cuerpos en el suelo, separados de sus cabezas. Vio cómo saboreaba la sangre de los chicos muertos, haciendo cuenco con la mano libre del hacha y bebiendo la sangre recién extraída del cuello de sus víctimas, manchándose el rostro y las ropas. Cuando la última cabeza tocó el suelo y acabó mirándola con unos ojos abiertos completamente pero sin vida, su cuerpo cobró vida y levantó la mirada hacia el asesino, fuera del trance en el que se encontraba a causa de aquellas imágenes. 

—¡Oh Dios! —gritó ahogadamente al ver que aquellos ojos la miraban a ella directamente.
—Dios no tiene que ver nada que ver aquí —observó consternada cómo aquella cosa, porque había decidido que no podía ser humano algo así, la miraba y pasaba la lengua por el filo del hacha, llevándose consigo la sangre fresca y saboreándola —. Es más… por mucho que uno de sus guardianes te proteja, nada te podrá salvar de mí.

Pasó por encima de uno de los cuerpos sin vida y fue directo a ella. Soltándose del ángel, saltó al suelo y echó a correr lejos del claro. Nunca en su vida había estado tan asustada, el terror que la estaba ahogando era superior a cualquier miedo que hubiese sentido en su vida, y eso que estaba acostumbrada a tener que vivir atenta a todo lo que ocurría a su alrededor. Ahora corrió con todas sus fuerzas, sus pies volaban por el suelo, se chocaba contra los árboles, pero estaba decidida a salir de allí con vida y unos arañazos eran mejor a morir.

—Me encanta que huyas… lo hace más emocionante… 

Sintió aquellas palabras como si se lo susurrasen en el oído, tan cerca de ella que un gemido de terror puro salió de su garganta. Las lágrimas seguían corriendo por sus mejillas, nublándole la visión a ratos. 

—Por favor…. Por favor… por favor… —el susurro se repetía una y otra vez, rezando en voz alta por encontrar la salida del pequeño bosque y no regresar al claro, como le había pasado antes.
—¡Ya está bien de correr!

Un grito que le destrozó la garganta salió de ella al ver aparecer delante suyo al ser, levantando el hacha para acabar con ella como con sus amigos. Lo esquivó por poco y continuó huyendo. Sentía que estaba perdiendo la cabeza, aquello no podía estar pasando, los sollozos se mezclaban con las apresuradas pisadas sobre las hojas caídas. Buscaba con la mirada cualquier señal que le indicara la salida, desesperada y cada vez más agobiada de no ver nada más que troncos y hojas. Pasó entre dos gruesos árboles, arañándose la espalda en el proceso y gritando por el dolor que le causó.

—¡Eso es! ¡Grita para mí! Sé que vas a estar deliciosa…

Una arcada subió por su garganta al pensar en lo que aquel ser acababa de decir. Salió de la trampa que eran los dos árboles y se chocó contra uno de los mausoleos. Estuvo a punto de besar la fría pared, pero no tenía tiempo para ello, ahora ya podía ubicarse en el cementerio, había memorizado el camino y enseguida supo por dónde debía ir.

Visualizó al fondo la gran verja que cerraba el campo santo y corrió hacia ella con las últimas fuerzas que tenía. Las piernas le pinchaban por la carrera y los pulmones parecían estar en carne viva del dolor que le suponía respirar, pero estaba decidida a salir de allí. Estaba cerca de la salida cuando un estruendo, parecido a un trueno ensordecedor, cruzó la noche, seguido del sonido de piedras al derrumbarse algo. Cerró los ojos con fuerza, no quería volver la vista atrás, no quería saber qué ocurría a su espalda, solo quería salir de allí y olvidarse de toda aquella pesadilla. Chocó contra algo duro y fuerte y abrió los ojos deseando que fuera la verja de entrada, pero su corazón se detuvo al ver que lo que tenía delante era metal, pero no de la gran portilla de entrada.

—¡No! ¡No! ¡No! —su cuerpo empezó a temblar, lleno de locura y desesperación, muerta de miedo porque al final aquella cosa la había captura.
—Gracias por irte de allí. No me hubiera gustado acabar contigo tan rápidamente —le besó en la frente, dejando en ella la marca de un beso de sangre que la marcaría para el resto de su vida.

Se apartó de aquel ser, empujándolo, manchándose así con la sangre de sus compañeros, y corriendo en la dirección opuesta, rezando por encontrar alguno de los mausoleos abierto y poder refugiarse en él. Buscó con la mirada en la oscura noche cualquier signo que le indicase un escondite, buscó frenética mientras escuchaba a su espalda y por todas partes la risa profunda del ser. Empujó con fuerza las puertas de los mausoleos que se iba encontrando. La desesperación pugnaba contra ella, estaba perdiendo las fuerzas de seguir luchando por salir de aquella. Los sollozos habían pasado a ser hipidos descontrolados, las lágrimas se mezclaban con el sudor por el esfuerzo y por el miedo que le recorría el cuerpo. Cuando iba a darlo todo por perdido, una de las puertas cedió y se precipitó al interior del mausoleo, cerrando la pesada puerta a sus espaldas.

Se dejó caer hasta el suelo pegada a la puerta, haciendo con su cuerpo el contrapeso necesario para mantenerla cerrada, aunque presentía que con eso no iba a hacer nada.

—¿Ya te has cansado de correr? —escuchó la voz al otro lado de la puerta.

Saltó de su posición, alejándose de allí, asqueada porque estuviese tan cerca de ella. No entendía nada de aquello, su mente iba a mil por hora, pero se sentía derrotada, muerta incluso antes de sentir el filo del hacha. Vio horrorizada cómo la puerta se abría poco a poco, dejando a la vista el hacha impregnada en sangre para dar paso a su portador.

—Por favor… —su voz salió entre los sollozos incontrolables. Su cuerpo temblaba, buscando con las manos la pared del fondo para pegarse a ella.
—La verdad es que no esperaba un regalo así, pero me alegro de haber venido a vuestra celebración —se acercó a ella lentamente hasta detenerse a escasos centímetros de su rostro —. Los humanos sois tan deliciosos.

Al terminar de hablar, acercó el rostro al de la chica, que apartó la cara, y le lamió desde la línea de la mandíbula hasta la raíz del pelo. Ella no paraba de temblar y de llorar, aterrada porque sus últimos recuerdos fueran así. Sintió el filo del hacha en su estómago, acariciándola como si fuesen las manos de su amante, arañando su piel, provocándole arañazos que comenzaban a sangrar.

—Aléjate de ella —una voz profunda surgió de la espalda del ser.
—Se acabó lo divertido —se mofó éste.

A partir de ese momento no fue capaz de identificar nada, sus sentidos empezaban a estar tan embotados a causa de todo lo ocurrido y visto, y por las heridas que había recibido del hacha en el estómago, unas heridas que sentía arder. Con las manos tapando esas heridas, intentando aliviar su tormento, se dejó caer de nuevo por la pared que tenía a su espalda hasta llegar al suelo, observando la imagen que tenía delante. Dos hombres luchando, uno con un hacha y el otro con una gran espada con una empuñadura repleta de filigranas que le recordaron, sin entender por qué, a la espada del ángel de mármol.

Antes de que el mundo desapareciera ante ella, creyó captar la voz del agónico ser antes de caer al suelo y desaparecer en una nube de polvo diciendo.

—Aunque yo muera, vendrán más, nunca descansarás. Ella será nuestra.



______________________________________________________

Un camino de rosas siempre tiene espinas 

a6 babas  Chris Merit - Greyden Kane - Luc Traverson - Talon de los Morigantes - Will Sumner - Wynthrope Ryland  ducha
Volver arriba Ir abajo
http://lacriticonadelared.blogspot.com.es/
uni13
Escapando de la justicia
Escapando de la justicia
avatar

Femenino Mensajes : 4249
Edad : 45
Localización : oviedo
Empleo /Ocio : leer y el foro si os parece poco , ufff
Humor : todo o nada
Inscripción : 29/04/2014

MensajeTema: Re: Vendimia de Sangre Miér Nov 05, 2014 7:35 pm

yupi yupi yupi yupi yupi me encanta,
Volver arriba Ir abajo
 

Vendimia de Sangre

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba 
Página 1 de 1.

Permisos de este foro:No puedes responder a temas en este foro.
Buscadoras del Placer :: Autoras :: Creaciones-